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domingo, 3 de febrero de 2008

EL CRIMEN DE AMRITSAR

El crimen de una gran alma
Muerto hace 60 años, Gandhi era un abogado indio. En busca de la independencia, derrotó al imperio británico sin disparar un sólo tiro. Sus marchas pacíficas era su única arma.
El jueves pasado se cumplieron 60 años del asesinato de Mohandas Karamchand Gandhi, conocido como el Mahatma, que significa Gran Alma en esa lengua antiquísima que es el sánscrito. Muy bien elegida la apelación, pues Gandhi fue una de las mejores almas que conoció el siglo XX.Fue grande por muchas cosas. Una de ellas es que supo enfrentar y derrotar nada menos que al poderosísimo imperio británico, justamente en el lugar donde era más fuerte: la riquísima colonia de la India. Los ingleses se habían hecho allí los amos a partir de mediados del siglo XVIII, llevando a cabo una política por demás inteligente. Para ese entonces el territorio estaba dividido en más de 500 estados autónomos organizados como monarquías, sultanatos, emiratos o simplemente tribus. Los ingleses aprovecharon las diferencias y querellas ayudando a poner los unos contra otros, lo que posibilitó dominarlos a todos y reinar sobre ellos en forma absoluta. Luego, invirtieron enormes capitales en el desarrollo ferroviario y terminaron de darle forma y unidad económica al enorme territorio. En Argentina y en San Juan actuaron de forma parecida privilegiando siempre, en el desarrollo que conlleva el ferrocarril, las conveniencias de los dueños ingleses y no necesariamente de los argentinos, sanjuaninos o indios.Además en la India contaban con un gigantesco ejército cuya totalidad de oficiales eran ingleses que vestían vistosos uniformes de color rojo. Los soldados eran todos indios, a los cuales se los conocía con el nombre de cipayos y algunas tropas especiales, los gurkas. A esta poderosa maquinaria se enfrentó Gandhi, y fueron los ingleses los que salieron derrotados. Lo más notable es que el Mahatma rechazó siempre la violencia como método de lucha. Ni él ni sus cuantiosos seguidores dispararon nunca un solo tiro. Siempre se utilizaron formas pacíficas para obtener la victoria. Podían ser huelgas, ayunos, marchas, desobediencia civil o la manera más peligrosa, que resultó letal para los amos ingleses y consistió en tejer prendas de algodón cada uno en su casa.Gandhi era de profesión abogado pero a medida que se transformaba en el principal líder del movimiento por la independencia, fue abandonando su trabajo en los tribunales y reemplazándolo por sus originales formas de lucha. Al principio eran cinco personas, luego diez, cien, mil, después ya no se las cuenta; en todas las ciudades del país marchaban de plaza en plaza, proclamando el derecho a ser independientes, que es privativo de todo pueblo.En 1919 el Brigadier General Dyer ordenó dispersar a la multitud indefensa y en la ciudad de Amritsar sus gurkas dispararon con sus fusiles: casi 400 personas murieron y miles resultaron heridas. La respuesta fue incrementar el número de las marchas, siempre pacíficas. Para la década del '30 se dio un paso cualitativo. Una parte importante de los recursos que producía la colonia eran obtenidos por los ingleses a partir de la sal. Cuando en la India alguien compraba el condimento, la mayor parte del precio era un impuesto. Gandhi decidió no comprar más el producto y para obtenerlo resolvió ir a orillas del mar para obtener lo que necesitaba destilando un poco de agua salada. Un día salió desde Sabastami, lugar donde vivía, hacia la costa más cercana, Dandi, a 385 km de distancia. Un pequeño grupo de personas decidió acompañarlo, a medida que avanzaba millones de campesinos cubrían el camino de ramas y hojas y salían a homenajearlo. Cuando finalmente llegó al mar detrás de él venían cientos de miles de personas, todos ellos buscando sal. Esta vez los cipayos se negaron a disparar y las finanzas del imperio tambalearon. Los ingleses tuvieron que negociar disminuyendo el impuesto y poniendo en libertad a más de 100.000 manifestantes que estaban presos.Luego vino algo peor para los que ilegítimamente administraban el país. La India era un gigantesco productor de algodón que era comprado a bajo precio para ser enviado a Inglaterra. Allí era hilado y utilizado para producir enormes cantidades de telas de las más diversas calidades, que eran enviadas a la India para ser vendida a los indios a precios altos. Lo que se dice un negocio redondo. En Argentina, la costumbre era vender cueros sin curtir y, de vuelta, comprar zapatos, carteras y cinturones.Gandhi decidió no comprar más ese tipo de paños y con primitivos instrumentos artesanales comenzó, él mismo, a hilar el algodón y a confeccionar las pocas vestimentas que utilizaba. Millones siguieron su ejemplo y entonces, poseer y dominar la India comenzó de a poco a producir menos ganancias.Al principio de la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico se encontró en una situación de mucha debilidad. Lo lógico era que los indios se hubiesen aliado con los alemanes, quienes, se aseguraba, tenían todas las posibilidades de ganar el conflicto. Gandhi rechazó esta idea, era totalmente consciente que se debería soportar un dominio aún más atroz si Inglaterra era derrotada. Lamentablemente algunos líderes del Movimiento Independentista Árabe, como algunos representantes del nacionalismo argentino, equivocaron el planteo, apoyaron a Alemania que, al final, perdió la guerra, lo que permitió que se descubrieran los horrores de los campos de exterminio donde los vencidos habían asesinado millones de personas inocentes.Terminada la Segunda Guerra Mundial la India volvió a ser un avispero; para protestar por la presencia inglesa Gandhi comenzó a realizar largos ayunos, muchos lo acompañaban y todos oraban con él. Al Imperio Británico no le quedó más remedio que retirarse definitivamente. El 15 de agosto de 1947 los indios proclamaron su independencia. Al año siguiente un religioso integrista hindú baleó y asesinó a Gandhi. Para el fanático que lo hizo los motivos eran graves y peligrosos, el Mahatma, entonces de 78 años de edad, había iniciado diálogos con diversas corrientes religiosas y políticas para ordenar y poner en marcha el gigantesco nuevo país.