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sábado, 5 de enero de 2008

REYES MAGOS, LLEGAN DEL PUNJAB


¡Progres, Reyes Magos!

«LA interculturalidad será la nota dominante en la cabalgata que el próximo día 5 llevará por el centro de Barcelona a los Reyes Magos. Melchor llegará de Asia, y será el encargado de abrir la comitiva real precedido por una carroza con regalos y una comparsa de libélulas gigantes. Gaspar, procedente de India, desfilará en una carroza floral y estará acompañado por una asociación de la región del Punjab. Baltasar vendrá del África subsahariana. En su carroza estarán representadas diez ciudades africanas gracias a la colaboración de distintas asociaciones de este continente afincadas en Barcelona. La comparsa de Baltasar irá precedida por un tótem hinchable de seis metros de altura.» (De los periódicos).
Hubo un tiempo en que los Reyes Magos eran de Oriente. Sin más añadidos. Y ahí estaba la gracia, precisamente. En la indefinición. Porque Oriente, al contrario que Asia, India y no digamos ya el Punjab o el África subsahariana, era una tierra desconocida, inaprensible, maravillosa. Como los propios Reyes. Ahora las cosas ya no son como entonces. No basta con que la Cabalgata de Reyes sea el paraíso de los pequeños, el último estadio de espera frenética antes de la gran noche; ahora, además, tiene que ser instructiva, educativa, pedagógica. No para los pequeños, que, por fortuna, sólo tienen ojos para sus majestades, sino para los mayores. Y como este año ha sido declarado, al parecer, Año Europeo del Diálogo Intercultural, pues a dialogar se ha dicho. Aunque sea a costa de convertir la Cabalgata de Reyes en una especie de feria de muestras de las culturas, con sus expositores andantes. O, si lo prefieren, en una verdadera alianza de civilizaciones.
Se mire por dónde se mire, los progres no tienen remedio. Siempre haciendo el bien. Y como en Cataluña toda la Administración pública les pertenece, uno termina por encontrarse el buenismo hasta en la sopa. Ahora bien, con esto de los Reyes Magos podían haber sido algo más cautos. Y, en particular, algo más coherentes. Al fin y al cabo, fueron ellos los primeros en proclamar que los Reyes Magos no existían. Y que, en buena lógica, el 6 de enero de cada año no había nada que celebrar. Ni el 5. Algunos incluso educaron a sus hijos en la creencia de que todo esto era una invención de la religión católica, una de esas tradiciones a las que no había que hacer ni caso. Y los pobres hijos, claro, a obedecer. Y a apechugar con la visión de unos compañeros de clase a los que aquellos falsos Reyes traían, año tras año, un montón de juguetes.
En consonancia con semejante convicción, todos estos progres, nada más alcanzar el poder, deberían haber suprimido una celebración de esta índole. O, como mucho, deberían haberla sustituido por una suerte de demostración sindical basada en cuantos valores apadrinan: el diálogo, la solidaridad, la tolerancia, la convivencia... Y sin juguetes, claro. Lo que no tiene pase es que se apunten a la fiesta y encima pretendan hacernos creer que lo suyo es puro altruismo.