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martes, 29 de enero de 2008

DIALOGO INTERRELIGIOSO

60º aniversario de la comunidad del CMI: marcando juntos la diferencia entonces y ahora
Por Sara Speicher (*)
Fotos gratuitas disponibles, véase más abajo.Para algunos, cumplir 60 años es un hito caracterizado por las visiones de la jubilación: celebrar los logros conseguidos y soñar con nuevos empeños. El Consejo Mundial de Iglesias (CMI), sin embargo, en su 60º “cumpleaños” en 2008 no quiere detenerse en las hazañas pasadas pues mira hacia el futuro a los desafíos del siglo XXI. La mayor y más inclusiva comunidad de iglesias del mundo, y rostro preeminente del ecumenismo en el siglo XX, lucha a brazo partido con un mundo muy diferente hoy en día –política, económica y religiosamente– a aquel al que se enfrentaba tras la Segunda Guerra Mundial.El CMI se fundó oficialmente el 23 de agosto de 1948 en Ámsterdam, donde los delegados de 147 iglesias de 44 países se reunieron para participar en la primera asamblea fundadora. Aunque el encuentro fue imponente por su diversidad sin precedentes, con representantes de las iglesias anglicanas, las viejas católicas, muchas iglesias ortodoxas y casi todas las protestantes, la inauguración también destacó por la ausencia de las dos mayores iglesias del mundo: la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa Rusa.En la práctica, el CMI ya existía. En 1938, líderes religiosos habían formado un comité provisional con la idea de establecer una estructura para el nuevo organismo y organizar su primera asamblea, fijada para 1941. Pero el estallido de la guerra echó por tierra estos planes. En lugar de eso, el comité provisional sirvió para mantener los vínculos entre las iglesias en ambos bandos al mismo tiempo que asistía a los prisioneros de guerra y a los refugiados, y se preparaba para la reconciliación y la ayuda de la posguerra.En la Asamblea de Ámsterdam, la experiencia de la guerra marcó una pauta que era a la vez humilde y desafiante, pues la desunión trágica del mundo instaba a una reconciliación radical. Willem Visser 't Hooft, el primer secretario general del CMI, habló del miedo a crear una “superiglesia” y anunció la visión de marcar juntos la diferencia: “No estamos formando este Consejo en un espíritu de ambición ni para participar en ninguna lucha de poder. Lo formamos en un espíritu de arrepentimiento por nuestro fracaso a la hora de ser iglesia juntos, con el fin de dar un testimonio común más claro del Señor que vino para servir a todos”.En muchos sentidos, el testimonio del CMI en las últimas décadas puede ser enumerado claramente: contribuciones tangibles a la formación de las Naciones Unidas y al texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos; labor teológica de gran trascendencia sobre Bautismo, Eucaristía y Ministerio e importantes contribuciones a la reflexión misiológica; labor profética sobre cuestiones como el desarrollo sostenible, el racismo, el diálogo interreligioso y el cambio climático antes de que se convirtieran en plataformas populares.Son pocos los logros que no levantaron polémica. Durante los años setenta, muchos evangélicos libres se distanciaron del Consejo por lo que consideraron débiles esfuerzos respecto a la misión y la evangelización. A su vez, el programa de Lucha contra el Racismo atrajo las críticas ante su resuelto apoyo al movimiento contra el apartheid en el África Meridional.No obstante, cuando el CMI celebró su 50º aniversario en la Asamblea de Harare en 1998, Nelson Mandela, uno de los “beneficiarios” del programa, lo describió como una expresión de “verdadera solidaridad” que “no [era] meramente el apoyo caritativo de benefactores distantes, sino una lucha conjunta por las aspiraciones que comparten”. “Para nosotros en Sudáfrica y el África Meridional y, en verdad, en todo el continente”, dijo, “el CMI siempre ha sido conocido como un defensor de los oprimidos y los explotados”.Sin embargo, hablando con personas que han entrado en contacto con el CMI a lo largo de los años, el mayor logro de éste no ha sido ningún tema, programa o publicación en concreto, sino el hecho de que, pese a todo lo que lo podía haber dividido, sus iglesias miembros han permanecido unidas, manteniendo la comunidad que comparten a través del Consejo. Como afirma un líder ecuménico asiático: “Las relaciones establecidas entre las iglesias son el mejor logro del CMI. No es la unidad en sentido estricto, sino a la hora de construir un conocimiento de herencia, costumbres y conciencia, como una familia”.Y el CMI está creciendo. Hoy en día, reúne a 347 iglesias y denominaciones en más de 110 países y territorios de todo el mundo. La Iglesia Ortodoxa Rusa se unió en 1961, y la Iglesia Católica Romana trabaja en estrecha colaboración con el Consejo en muchas áreas programáticas y es miembro de pleno derecho de las comisiones de Fe y Constitución y de Misión Mundial y Evangelización.El crecimiento del CMI es una señal de su éxito y un desafío para el futuro, pues demuestra el rostro cambiante del ecumenismo y del propio cristianismo. La mayoría de las iglesias fundadoras del CMI eran europeas y norteamericanas, aunque también había entre ellas iglesias de otras regiones; hoy, la mayor parte de los miembros están en África, Asia, el Caribe, América Latina, Oriente Medio y el Pacífico.La amplitud de su membrecía causa el desafío vital del ecumenismo: relacionando, evaluando, cambiando para reflejar de manera más verdadera la unidad. El intenso diálogo entre las iglesias ortodoxas y otras tradiciones durante los últimos diez años permitió a la comunidad de iglesias darse cuenta de que algunas prácticas cómodas para la mayoría de los miembros occidentales resultaban desconocidas para muchos otros, que también sentían que esas prácticas no les empoderaban. A esto siguieron cambios significativos sobre la manera en que el CMI lleva a cabo su labor, notablemente con la introducción de la toma de decisiones por consenso.Establecer prioridades programáticas para el trabajo del CMI no resulta fácil, ya que las iglesias miembros afrontan realidades diferentes en sus propios contextos. No obstante, aparece un hilo conductor que toma como punto de partida la esencia del CMI desde su formación. En palabras de un teólogo europeo: “El papel del CMI es ser el lugar donde las voces cristianas puedan unirse”.Dentro de este espacio común, las iglesias abordan juntas algunos de los retos a los que se enfrentan hoy: respondiendo a las amenazas a la vida como la pobreza, el cambio climático y el VIH y el SIDA; examinando dimensiones tradicionales y más nuevas de la vida espiritual; fomentando el diálogo y la cooperación interreligiosos; tendiendo la mano a tradiciones cristianas que durante mucho tiempo se han mostrado escépticas acerca del ecumenismo; replanteando el ecumenismo en el siglo XXI.Tal como destaca el tema de la celebración del 60º aniversario, Marcar juntos la diferencia no trata del aniversario de una institución, sino de una comunidad, un movimiento y una visión. Hace seis décadas en Ámsterdam, los participantes confesaron: “No solo nos dividen materias de fe, constitución y tradición, sino también el orgullo de las naciones, las clases y las razas”. Aunque esta realidad persiste, también lo hace la visión ecuménica. “Pero Cristo nos ha hecho suyos, y Él no está dividido”, continuaba el mensaje de Ámsterdam.El CMI no celebra solamente un cumpleaños, sino también el compromiso visible y viable de las iglesias que, a pesar de todas sus divisiones propias y las divisiones del mundo, reivindican la afirmación de 1948: “Estamos decididos a permanecer juntos”.[1.057 palabras](*) Sara Speicher es escritora independiente y antigua coordinadora del Equipo de Información Pública del Consejo Mundial de Iglesias.Fotos gratuitas de alta resolución para acompañar a este reportaje especial están disponibles en:http://www.oikoumene.org/?id=5487&L=4Más información sobre el 60º aniversario del CMI:http://www.oikoumene.org/index.php?id=4246&L=4###[Columna lateral] Celebrar la comunidadEn 2008, los miembros del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) celebran el 60º aniversario de su promesa: "Estamos decididos a permanecer juntos". Durante la reunión del comité central de febrero en Ginebra, Suiza, representantes de iglesias miembros se reunirán con otras personalidades de alto nivel de las iglesias y la sociedad civil en la celebración, la reflexión y la oración.A lo largo del año, se estimula a la comunidad mundial a que conmemore las bodas de diamante del CMI por medio de la celebración y de la oración por la unidad Cristiana. A partir de febrero de 2008, en el sitio web del CMI (www.oikoumene.org), se pondrán a disposición recursos para la oración en común, el estudio de la Biblia y la reflexión. Los banners con el logo del aniversario permitirán a las iglesias miembros y a sus congregaciones hacer visible su compromiso con la unidad de las iglesias en sus propios sitios web y publicaciones.En un concurso literario sobre el tema del aniversario "Juntos hacemos diferencia", se invita a estudiantes de teología y jóvenes teólogos a que aporten nuevas perspectivas y contribuciones al debate sobre "Perspectivas para el Ecumenismo en el siglo XXI ". Las opiniones expresadas en las Crónicas del CMI no necesariamente reflejan posiciones oficiales del Consejo. Este material puede ser reproducido libremente dando el debido crédito al autor. Para más información: Juan Michel,+41 22 791 6153 +41 79 507 6363 media@wcc-coe.org