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sábado, 12 de enero de 2008

ATENTADO EN LAHORE, CAPITAL DEL PUNJAB


El primer atentado tras la muerte de Bhutto siega 26 vidas en Lahore
11.01.08 -
MIKEL AYESTARAN

Veintiséis personas muertas, veintidós de ellas policías, y más de cincuenta heridos. Es el punto y seguido de la oleada de atentados que asola Pakistán en los últimos meses y que ayer se cebó con las fuerzas de seguridad de la ciudad de Lahore.Según testigos presenciales, el terrorista llegó en motocicleta hasta el Palacio de Justicia, donde los jueces de la ciudad preparaban una manifestación de protesta contra el presidente Pervez Musharraf. Aparcó la moto en una esquina del edificio y caminó hasta el cordón policial donde se hizo saltar por los aires frente a los agentes.Faltaban quince minutos para las doce del mediodía y el popular centro urbano de Lahore, donde también se encuentra la oficina de Correos, vivió un auténtico baño de sangre. Las cámaras llegaron antes que los servicios sanitarios y ofrecieron las imágenes de decenas de cuerpos esparcidos por la calle. Los catorce kilogramos de explosivo y los cojinetes de bolas que portaba el suicida, según fuentes de la investigación, hicieron su trabajo a conciencia.El luto por la muerte de Benazir Bhutto ha durado apenas trece días para los terroristas. Parecía que su muerte iba a ser la última.La explosión del kamikaze, los gritos y llantos de los heridos y las sirenas de las ambulancias completaron una banda sonora macabra a la que el país se está habituando y que en los últimos meses ya ha costado la vida a cientos de personas. La diferencia esta vez es que los terroristas eligieron Lahore, la capital del Punjab, auténtico motor de la nación, que hasta el momento permanecía a salvo de este tipo de ataques. La lectura de los medios locales fue clara: ya no hay ciudad segura en Pakistán.«Aquí, a diferencia de Irak, aun no han comenzado los atentados indiscriminados contra la población. Por ahora mantienen como objetivo principal a las fuerzas de seguridad, al Ejército y a los líderes políticos, pero todo es cuestión de tiempo», apuntó un diplomático europeo destinado en Islamabad.