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miércoles, 24 de octubre de 2007


Miércoles, 24 Octubre 2007
Noticias del Acnur
Sin la posibilidad de conseguir un trabajo legal en la India, algunos refugiados afganos buscan empleos informales vendiendo textiles en el mercado Sarojini Nagar, en Nueva Delhi. © ACNUR/N.Bose
Refugiados afganos en búsqueda de la identidad india
NUEVA DELHI, India, (ACNUR) – A sus 21 años, Jagjit Kaur ha pasado más de la mitad de su vida en Nueva Delhi. Ella parece, habla y se comporta como una india. “Mis amigos indios se asombra cuando les digo que soy afgana. Dicen que no es posible”, afirma.Después de haber pasado 12 años en la capital india, la joven refugiada y su madre solicitaron la nacionalidad india hace 18 meses. “Quiero una identidad”, dice, agregando que sin un documento de identificación, siente como si no perteneciera a ningún lugar.Jagjit es una de los 8.000 refugiados afganos en la India –casi el 88 por ciento de la población afgana refugiada en el país- que pertenecen a la fe hindú o sikh. Muchos de ellos se encuentran cultural y socialmente integrados en el estilo de vida indio y convertirse en ciudadanos naturalizados es para ellos la mejor solución a largo plazo.“Nuestra tierra natal está aquí”, dice Ardet Singh, de 50 años de edad. “Originalmente fuimos indios. Nuestros ancestros fueron a Afganistán a trabajar hace muchas generaciones. Pero somos indios”. Ardet ha estado en la India durante más de 14 años junto a su esposa y sus dos hijos. La familia completa solicitó la ciudadanía hace dos años y todavía no tienen respuesta.Más de 3.000 refugiados afganos han expresado interés en la naturalización, pero el proceso es largo y complicado. Para postularse, un refugiado debe haber vivido en la India durante 12 años o haber estado casado con un indio durante siete años. La duración de la estadía debe ser apoyada con documentación, como un permiso de residencia emitido por el gobierno indio. La agencia implementadora del ACNUR, el Centro de Información Socio Legal (SLIC) ha ayudado a casi 1.600 refugiados a llenar solicitudes mientras que la Sociedad de Bienestar Khalsa Diwan, una organización no gubernamental establecida en 1998 por Sikhs de Afganistán para ayudar a refugiados, trata de hacer avanzar el proceso haciendo cabildeo en la Comisión de Minorías.Otro obstáculo adicional a la naturalización, es la reciente propuesta del gobierno indio de incrementar sustancialmente el pago de la solicitud de 2.100 rupias (US$49) a 15.000 rupias (US$347).“Mis hijos crecieron y se educaron aquí. Nuestra cultura es la misma que en la India”, señala Tian Singh, de 64 años. “Pero las autoridades no han hecho nada por nosotros”.Además de la propuesta de aumento de las tarifas, el excesivamente largo proceso provoca que muchos desistan de aplicar. Mientras que por un lado se alabó el papel que el SLIC y el ACNUR juegan al facilitar el proceso de solicitud de naturalización, existe desconfianza hacia los cuerpos gubernamentales locales.Mientras que el Ministro indio de Asuntos internos no tiene ninguna objeción para que los refugiados afganos Sikh e hindús se conviertan en ciudadanos indios, el cuello de botella se encuentra a menudo a nivel local. En una oficina de un magistrado, en Delhi occidental, una madre y su hija pasaron cuatro horas buscando sus expedientes, después de lo cual se les dijo que tenían que poner los otros expedientes en el orden en que estaban. “Para qué está él sentado allí?” preguntó Davindar Kaur, de 25 años y nativo de Kabul, señalando a un miembro de la oficina.Una vez que una solicitud de naturalización se inicia, al solicitante no se le permite dejar la India hasta el término del proceso. Existen algunas familias donde las mujeres han hecho la solicitud y los hombres no, manteniendo abierta su opción de regresar a Afganistán en caso de que surjan otras opciones. El padre de Davindar no ha solicitado la naturalización, tampoco lo han hecho los hermanos de Jagjit y su padre. Su padre vive en Jalalabad y mantiene a la familia con las ganancias que obtiene trabajando allá.Pero en general, existe poco interés en regresar a Afganistán. Los refugiados extrañan las montañas, el paisaje, las famosas frutas secas y las calles de Kabul, pero ya se han acostumbrado al calor de la India, la contaminación y las aglomeraciones de un cálido y polvoriento país. Mientras se mantienen aferrados a los recuerdos de la buena vida en las grandes casas y jardines de Afganistán, los horrores de la huida siguen latentes.“Recuerdo cómo dejamos Afganistán, caminando encima de cuerpos muertos. Recuerdo nuestra tienda incendiada. Vi aquella tristeza”, recuerda Prakash Kaur, de 42 años, quien ha estado en la India desde 1992 y tiene dos hijas.“Era un terror vivir allí”, agrega Ardet Singh. “Los Talibán dijeron: Entreguen su dinero o conviértanse al Islam. Todavía tenemos ese miedo y nunca regresaremos”.Davindar Kaur, que llegó a la India cuando tenía 10 años de edad y que ahora está casada y tiene una hija dice, “para qué vamos a regresar? No hay nada que valga la pena ver en Afganistán. La India nos ha permitido quedarnos en paz y comodidad”. Para muchos refugiados afganos, la naturalización es el paso lógico a tomar. La comunidad refugiada vive en paz con sus vecinos, tienen mucho en común en términos de religión, idioma y cultura. “Aquí nos sentimos como en casa. Los gurudwaras (templos Sikh) nos dan mucha felicidad. Cuando visitamos Amristar, nos sentimos muy alegres y en paz”, dice Ardet Singh, refiriéndose al Templo dorado en Punjab, al norte de la India.“La mejor cosa de la India”, dice Tian Singh, “es su libertad y religión. Ninguna fe es suprimida aquí. Es una verdadera democracia. El único problema es el calor!”Hasta ahora, 10 casos han alcanzado la última etapa del proceso de naturalización en el Ministerio de Asuntos Internos. Y pese a que un refugiado podría cumplir cada uno de los criterios, no existen garantías.
Los mercados de la India son uno de los muchos sectores informales de empleo para los refugiados afganos que esperan su naturalización. © ACNUR/N.BosePara muchos, el llegar a ser ciudadano indio conlleva un sentido de identidad y prosperidad económica. Como refugiados no tienen el derecho de trabajar en la India, pese a que muchos sobreviven trabajando en el sector informal. Como ciudadanos, tienen la posibilidad de obtener estipendios del gobierno y préstamos para establecer sus negocios. También recibirán documentos que les permita viajar, entre otras gratificaciones.Jagjit Kaur se muere por lograr su sueño: “quiero trabajar en un centro de llamadas, pero mis padres no me dejan”. Existen miles de jóvenes mujeres indias con sueños similares y limitaciones similares. Al final, existe poca diferencia entre ellas y Jagjit, si en realidad existiera alguna.Por Nayana BoseACNUR Nueva Delhi